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Cielito Lindo, himno por decreto

Francisco Ramos Aguirre afirma que sigue vigente el decreto por el cual la famosa composición popular se convirtió, hace un siglo, en la canción oficial de Tamaulipas.

 

El Mante, Tamaulipas.- En 1918, la afamada canción Cielito Lindo se convirtió en el primer himno oficial de Tamaulipas. Mediante un decreto, aún vigente, el entonces gobernador Emiliano P. Navarrete estableció como canto oficial tamaulipeco la canción que ha sido interpretada por voces como la de Tito Guízar, Pedro Infante o Luciano Pavarotti, para darle gusto a uno de sus superiores, afirma el historiador musical, Francisco Ramos Aguirre.

Cielito Lindo, cuenta, “era una canción de marcha entre los soldados constitucionalistas del general Luis Caballero, era una canción que le gustaba mucho a él, pues cuando era niño -a finales del siglo XIX- su mamá se la cantaba. El gobernador, por congraciarse con Caballero -quien la había convertido en una canción de marcha de los soldados igual que La Adelita, La Marieta o La Valentina- dice: ‘voy a quedar bien con mi jefe’ y el Congreso la autoriza mediante un decreto como himno de Tamaulipas”.

Ramos Aguirre, quien también se ha encargado de documentar el origen del corrido tamaulipeco, indaga en la historia del Cielito Lindo en su libro La Petenera: de Andalucía a la Huasteca (Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2016).

El autor dedica la última parte de su libro a la que considera una de las diez canciones mexicanas más populares en el mundo. Como lo han dicho otros investigadores como Margit Frenk, Ramos Aguirre afirma que el Cielito Lindo, no fue una composición de Quirino Mendoza y Cortés, quien la registró como de su autoría en 1882. “No es una canción original de Quirino Mendoza, los versos del Cielito Lindo ya existían desde 1702, hay registros en los periódicos de versería y datos sobre la canción que se registran antes”, dice en entrevista.

Ese lunar… fue un himno

Francisco Ramos Aguirre desmiente que Cielito Lindo, que fue la canción oficial de Tamaulipas, sea original de Quirino Mendoza.

A partir de la investigación de Arturo Ortega Morán, Ramos Aguirre, especialista en cultura popular, refiere que en 1702, Fernando de Castro compuso unas coplas “con motivo del pésame a un tal Medrano” con las mismas características que la versión registrada en 1882; lo mismo sucede con el verso que supuestamente compuso Quirino Mendoza, inspirado en el lunar de su esposa. En el libro se refiere que los versos: “Ese lunar que tienes, junto a la boca/ no se lo des a nadie, que a mí me toca” aparecen en el Cancionero Popular, Colección Escogida de Seguidillas y Coplas, de Emilio de la Fuente y Alcántara, de 1865.

“Quirino era un músico muy importante y desde luego profesional, un filarmónico cercano que nació en Tulyehualco, en la Ciudad de México; seguro él escucho o leyó los versos y los adaptó a una canción que él compuso y que la registró y se hizo muy famosa. Es una de las canciones más hermosas y de las diez canciones mexicanas más famosas en el mundo, se conoce en muchos países”, señala el investigador.

Cielito Lindo duró poco como himno tamaulipeco: en 1926, cuando Emilio Portes Gil fue gobernador del estado, decidió cambiar la oda oficial por una canción que originalmente compusieron para Matamoros, los yucatecos Rafael Antonio Pérez Pérez y Alfredo Tamayo Marín, quienes habían visitado la ciudad como parte de las jornadas culturales vasconcelistas. En la letra “Viva Matamoros altiva y heroica, la región que dormita en la margen del río” sólo fue cambiada la ciudad.

Mujer fatal

Ramos Aguirre, coautor con Pável Granados del libro Cuco Sánchez. De Altamira, Tamaulipas Traigo esta Alegre Canción (2014), rastrea en su libro el origen de La Petenera, un cante de origen flamenco que se estableció como puente cultural con México en su adaptación huasteca al grado de que hoy no hay un grupo de son huasteco que no tenga su versión.

“La Petenera tiene su origen en Andalucía, hay referencias desde principios del siglo XIX que se genera en una región de ahí, una población donde existía una cantaora de flamenco que le llamaban Dolores la Petenera, porque vivía en un lugar que se llama Paterna de Rivera, cercano al puerto de Cádiz; era una mujer un tanto misteriosa, fatal, de gran atractivo sexual para los hombres”, cuenta.

Por mucho tiempo cantar La Petenera fue visto como un ritual de mala suerte. “Se le consideraba una mujer que podía meterse con hombres casados, se fue construyendo una leyenda en torno a este personaje y, cuando ella muere, se vuelve famoso el cante que hacía, se convierte en una petenera, se le pone su nombre y lleva algunos versos ya muy documentados”.

La tradición petenera, explica, llegó a México en el siglo XIX, vía Veracruz y se popularizó rápidamente.

Ramos Aguirre piensa que el periodo post-independentista de México, en los albores de 1821, permitió que el tema, se popularizara. “Había transcurrido la guerra de Independencia. El tema fue regionalizándose primero en el centro del país y de ahí pasó a la huasteca.

“Suponemos que fue a finales del siglo XIX cuando se transforma con los instrumentos musicales y los músicos del son huasteco, con la guitarra, el violín, la jarana. En la huasteca se va moldeando la figura ya representativa de esta canción que se canta prácticamente por todos los grupos de huapango, poco a poco se hizo famosa y se empezó a cantar y divulgar entre los mismos grupos, la mayoría de ellos empíricos, pero también como proviene del cante hondo, tenía un origen popular y dentro de un género muy conocido en España”, cuenta.

En su versión huasteca se agregaron nuevos versos. Ramos Aguirre habla en su libro de por lo menos siete versiones diferentes, pero cree que existen hasta 20 diferentes interpretaciones. Por su origen andaluz, La Petenera se refiere al ámbito marino y sus elementos, el autor refiere que uno de los primeros intérpretes en grabar el tema profesionalmente, a finales de los treinta del siglo pasado, fue Miguel Aceves Mejía con el Trío Los Ángeles, bajo el sello DECA y Bluebird. Por esos años también grabó su versión del tema para Peerless, el célebre violinista El Viejo Elpidio Ramírez Castillo.

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