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Fotografías de Pedro Infante en Barquisimeto

Pedro Infante arribó al aeropuerto de Barquisimeto el miércoles 23 de enero de 1957, a las 2:30 p.m. en un vuelo de la línea Aeropostal proveniente de Panamá, que había realizado escala en Maracaibo.

Se alojó en la habitación N° 4 del hotel Lara. Más de 2.000 personas, en su mayoría mujeres, trancaron la calle 25 entre 18 y 19, para “no más” verlo. Contratado por el Circuito Gallardo, el mismo día se presentó en los cines Imperio (8:00 pm); Lara (8:30 pm) y Altagracia (9:00 pm). Al siguiente en la mañana atendió a la prensa en el hotel; visitó Radio Barquisimeto; en la tarde una mujer le ofreció 100 bolívares por un beso y en la noche ofreció funciones populares en los cines Olimpo, Ayacucho y Bolívar.

Ejercía un magnetismo sobre las multitudes producto del sincretismo del discurso cinematográfico: “El cielo es de los pobres”, concebido por habilidosos directores mexicanos que presagiaron su ascendencia. Su visita a Venezuela era parte de una gira por Suramérica que le produjo al cantante y actor 80.000 dólares.

El 15 de abril de 1957, casi tres meses después de su arribo a nuestra ciudad, entre las 7:45 y 8:00 am, pereció en un accidente aéreo en Yucatán, México, y solo pudo ser reconocido por restos de una esclava que llevaba en la muñeca. El patólogo señaló que el cuerpo producto del incendio desatado por el impacto de la aeronave se había reducido a 75 centímetros y apenas pesaba 22 kilos .

Aquel hombrón al que Tito Mendoza, con el cual aparece en una de las fotografías ofreciéndole un trago y que, remolón, vació en la garganta sedienta, se redujo a nada. Por bueno, simple pero complejo y querendón, Infante continúa siendo un imán, cuyo devocionario se perpetúa en sus canciones, en sus filmes y sus amores: dos viudas legales, otras tantas que compiten por su fortuna y un reguero de amoríos que esparcía tras su andar desatado. Locales que lo imitaban, terminaron por afinar cierto prototipo de animal criollo: buen hijo de su madre; desprendido padre de sus hijos y barajustado: “Si soltera agonizas, irán a visitarte mis cenizas”.

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