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El gran amor de Pedro Infante que no escuchó sus canciones

Irma Dorantes tardó más de dos décadas en aceptar que Pedro Infante había muerto. Ella, quien fue la última pareja sentimental del ídolo Mexicano, se mantuvo celosa de sus recuerdos y de su irrepetible historia con el cantante.

Cuando Irna Dorantes conoció a Pedro Infante, ella tenía 13 años y él 33, fue en una peculiar escena de la película Los tres huastecos, de 1948. Pedro personificaba a un cura, y Dorantes a una adolescente que por traer los labios pintados se llevó una regañada del “padrecito Juan de Dios”.

Irma Dorantes, figura de la Época de Oro, vivió su propia historia de amor junto al ídolo Mexicano, siete años de experiencias que se guardó solo para ella durante 50 años, y que reveló hasta que sanaron sus heridas. La actriz mexicana nació el 21 de diciembre de 1934, inició su carrera artística en los programas infantiles de la XEW, de donde saltó al cine con pequeños papeles, como el que hizo  en Los tres huastecos. Junto a Pedro Infante actuó en cintas como También de dolor se canta (1950), Necesito dinero (1951), Ahora soy rico (1952), entre otras.

El romance se dio casi sin que Irma Dorantes se diera cuenta, las atenciones y la ternura de Pedro la conquistaron hasta que se casaron el 10 de marzo de 1953.

“Por mi ventana desfilaron todos los cantantes de la época, todos los mariachis, todos los tríos y todos los amigos de Pedro”, contó Irma en entrevista para TV Azteca.

Irma Dorantes habló 56 años después de la muerte de Pedro Infante, quien falleció el 15 de abril de 1957 cuando se desplomó el avión  en el que viajaba de Mérida a la Ciudad de México.

Ese día, Irma se encontraba en la Ciudad de México esperando a Pedro, seis días antes había dejado de ser su esposa debido a un fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que anuló su matrimonio. María Luisa León, exesposa de Pedro, acusó a Infante y a Dorantes de bigamia, por lo que el cantante adelantó su regreso a la capital y viajó en un avión de carga, cuando tenía ya un boleto en un vuelo comercial para tres días después.

El proceso de divorcio entre el ídolo de Guamúchil, Sinaloa y María Luisa León fue uno de los escándalos más sonados en México de la segunda mitad del siglo 20. Luego de que fue velado en Mérida, los restos de Infante regresaron a la Ciudad de México, y María Luisa, la viuda legal, estuvo junto a sus restos en todo momento; Irma Dorantes declaró que en esos instantes se sintió como una “apestada”, pues públicamente la que acompañó a Pedro fue la ex y no ella.

El recuerdo de Pedro lo mantuvo tan alejado de los reflectores, que ni a su propia hija, Irma Infante,  le contó que su papá había muerto, esta se enteró porque un maestro se lo dijo en la escuela.  “Cometí el error de nunca explicarle, le decía que su padre estaba volando, hasta que en algún momento se lo dijeron en la escuela”.

Al quedar intestadas las propiedades de Pedro Infante,  Irma Dorantes y la hija que tuvo con el intérprete quedaron desamparadas económicamente, lo que obligó a Irma a regresar a trabajar.

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