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José Alfredo Jiménez, sin sus canciones la vida no vale nada

Un 23 de noviembre de 1973, después de un tiempo no justo pero senténciate, se aleja para siempre José Alfredo Jiménez, alguien que supo dejar huella sobre los descendientes que vienen pero muy aprisa. De su prolífera inspiración se alcanzan a desprender las populares melodías que durante dos décadas cantó todo el que sabía tararear una canción. Creo que más de una vez me proyecté en una de sus composiciones, a un artista de su talla esto es lo menos que puedo hacer al recordar y evocar alguna de sus melodías.

Con el llanto en los ojos aún por su negativa, alcé mi copa y brindé por ella. Ella la paloma querida, la que se fue un día nublado olvidando cuando decía que yo era tuyo y que tú eras mía…La que se fue alzando el vuelo poquito a poco a pesar de verme visto llorar de angustia.

Por la lejana montaña será el jinete que cabalga llevando una herida en el pecho, cantando con su guitarra a la luz de los cocuyos, la gente murmura al escucharme. Son las guitarras de media noche que vibran bajo la luna, de esa luna que no hace falta que salga pa venir a cantarte mi amor. Noche a noche llego hasta tu ventana desde donde tú me escuchas, pero donde tú te escondes, donde ya no sé si despedirme porque sé que aunque no quiera voy a regresar mañana.

Ya vengo de rezar una oración a ver si se compone mi destino, ya ves que cuando el destino todo cobra y nada olvida. Ya supe todo y estoy que no me aguanto, soy la historia de un amigo que nació con mala estrella, por eso le pido a la virgencita de Zapopan que me ha visto padecer, que tan siquiera una vez en la vida seamos humanos, porque si tú también te vas, me lleva la tristeza.

No me amenaces, agarra tu rumbo y vete, que yo trato de consolarme bebiendo como un cobarde que ya no puede con su dolor y gritaré por todo el mundo mi dolor y mi tristeza, no vale nada la vida, comienza siempre llorando y así llorando se acaba. Tu pelo sedoso refleja la muerte y tus labios rojos hay una mentira, pa poder olvidar tantas cosas tendrían que matarnos. Es inútil dejar de quererte ya que solamente la mano de Dios podrá separarnos, tenemos la furia de los mares, hay recuerdos que nunca se borran y así son los nuestros, el camino que tu haz escogido yo lo anduve mil veces también, por eso esta noche le canto a la ingrata tres canciones que la hagan llorar…

En mi alma no hay amor, estoy sin sangre en las venas y a pesar de la enorme distancia de esta tierra sin nombre, aun le canto a la vida y por eso no creo en el amor y me iré con el sol cuando muera en la tarde. Navegar es mi destino en un mundo raro, si algo en mi cambió te lo debo a ti, no hay que llegar primero pero hay que saber llegar, llorando muy despacito pa ver si el llanto me dura más… sabiendo que no era buena le di mi vida sin condición, que al fin y al cabo tus ojos, se van a llenar de llanto.

Yo que siempre te amé sin mentiras, la historia de amores que siempre soñé Tu que sabes dela vida, me tienes que decir por qué me odiaste, estar tan perdido y volver a perder. Desperté llorando de alegría, cansado de vivir de los placeres haciendo con las nubes terciopelo y un sol que alumbre mi mañana. Sí una vez te amé en la vida no lo vuelvas a decir, somos dos viejos amigos, después de que te vi llegar y sentí la presencia de un ser desconocido, alejado del bullicio y de la falsa sociedad.

Siempre caigo en los mismos errores, esta noche de julio sin poder evitarlo me dolió el corazón, más si he de morirme sin tu cariño. Cuando los años pasen estaré en el camino viejo pensando que se me acabe la vida, mientras los años caían en mi espalda, que te vaya bonito que yo como al caballo blanco te solté la rienda y tal vez nos volveremos a ver dentro de diez calendarios.

Muchacha bonita, la vida es un sueño, me voy por el camino de la noche que se bien que hay un momento en que lloran los hombres. Vámonos, alejados del mundo aunque de tu amor y de mi amor no está quedando nada, sabemos que nacimos para morir iguales. Declárate inocente yo diré que me equivoqué contigo, no hagas caso del alma y ya verás que haremos un mundo raro cuando vivas conmigo. Yo quisiera decirte que te quiero/ como nadie en la vida lo haya dicho,/ voy a buscar palabras en el cielo/ de las que dice Dios allá en el infinito.

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