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¿Sabes porqué se celebran las posadas?

Las fiestas decembrinas representan un símbolo de unión familiar en el mundo, que invariablemente fomentan convivencia, alegría y paz en el hogar.

Aunque en cada país y en cada familia se celebran con base en las tradiciones de cada jefe de familia, los momentos felices para recordar son universales, ya que suelen ir acompañados de platillos hechos en casa, cuyas recetas han pasado de generación en generación, anécdotas familiares -que convierten la reunión en un goce interminable-, así como de música navideña, la cual siempre recuerda épocas importantes -como cuando vivía el abuelo o cuando los hijos eran pequeños- pero lo más interesante de este tema, es que año con año se repiten los guisos, los villancicos y la convivencia.

Las posadas y sus piñatas 
En México, aunque cada vez se celebran con menor frecuencia, las posadas siguen alegrando muchos hogares con su característico colorido que se ve desde los pinos decorados con luces y esferas multicolores, guirnaldas que enaltecen los portones, flores de Nochebuena que dan vida a diversos espacios, y por supuesto, las piñatas, que aunque son efímeras por su duración, se convierten en el alma de esta celebración.
El origen de las piñatas, según algunos historiadores lo ubican en China, aunque comentan que después fueron llevadas a España y a Sicilia por los árabes, y traídas a América en el siglo XVII. Consistían en una olla de barro que se iba cubriendo con diversos diseños coloridos en papel y se le adherían siete picos, o también llamados cucuruchos, que representaban a los siete pecados capitales.
Poco a poco se creó la tradición de romperlas en un evento privado para transmitir un mensaje positivo en el que la olla decorada con gran colorido y brillo representaba a Satanás o al espíritu del mal que con su apariencia atraía a la humanidad. La colocación, a través de una soga y a gran altura representa los placeres desconocidos que ofrece al hombre para atraerlo a su reino, mientras que la persona vendada emula a la fe, que debe seguir ciega y que se encargará de destruir al espíritu maligno.

Esta es la lucha que debe sostener el hombre con su fe, para destruir las malas acciones; así se estableció la piñata en México como consecuencia de una mezcla de tradiciones. Actualmente se puede hacer con una olla de barro o con papel periódico reciclado, ya que este último diseño es más seguro para los pequeños que intervienen en la festividad, pues el barro solía lastimar a algunos desesperados por recoger la fruta y los dulces del interior de la piñata.

¿Pero las nuevas generaciones continúan con esta tradición o le llaman posada a una simple fiesta celebrada previa a la Navidad? José Alberto Ruiz, historiador egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aclara que: “Las posadas deben comenzar con los tradicionales cantos en los que se representa el momento en el que José y María tocaban de puerta en puerta para pedir asilo y así pudiera nacer el niño Jesús; la idea es representar este acontecimiento con dos voluntarios de entre los invitados, quienes pueden utilizar las figuras de los peregrinos del nacimiento del anfitrión de la casa.
Esta pareja de peregrinos, acompañados por un grupo de invitados a la posada, deben salir de la casa y pedir posada en la puerta, entonando la tradicional letanía, mientras que los que se quedan en el interior deberán negar la posada, obligando a los peregrinos a pedir posada dos o tres veces, hasta darles hospedaje.
“Después se reza un rosario, se rompe la piñata y se invita a la mesa para compartir los alimentos que se hayan preparado. Estos incluyen antojitos mexicanos como buñuelos y el tradicional ponche”, revela.
En México, cuenta el historiador, fue en 1587, cuando el religioso agustino fray Diego de San Soria, prior del convento de San Agustín Acolman, en el actual Estado de México, solicitó y obtuvo una bula del entonces Papa Sixto V para celebrar anualmente, en esa sede y otras del Virreinato, misas de aguinaldo que recordaran la petición de posada de María y José, desde el 16 y hasta el 24 de diciembre.
Aunque en un principio la gente solía salir a las calles para celebrarlas y rezar, para el siglo XIX las posadas se trasladaron al interior de las casas, aunque las concentraciones en las calles y en las iglesias no acabaron y en algunos barrios más humildes y muy poblados se sigue esta gran tradición.
Los hogares donde se celebraban solían adornarlos con heno, ramas de pino, farolitos coloridos hecho de papel o vidrio, y se acompañaban con algunas luces de bengala. Desde la mitad del siglo XX, los adornos de faroles se reemplazaron por foquitos de colores y luces eléctricas, que en la actualidad también han cambiado a LEDS, por su bajo consumo de energía.

El motivo de celebración 
Aunque en la actualidad el árbol de Navidad es un must de la temporada en cualquier hogar, el protagonista de las fiestas debe ser el Nacimiento, o llamado en países como España, el “Belén”.
“Algunas fuentes aseguran que la primera presentación del pesebre ocurrió hacia el año 345, en un sepulcro de Letrán; sin embargo, para el siglo VII se menciona un antiguo Belén en un pequeño oratorio en Santa María la Mayor de Roma. Pero fue San Francisco de Asís, quien entre el año 1200 y 1226 abogó por la presencia de una representación del nacimiento de Dios, ante el Papa Honorio III, desde entonces, la tradición se ha difundido en prácticamente todos los países que han sido evangelizados.
Actualmente existe una gran variedad de nacimientos en cuanto a diseño, dimensiones y al número de figuras que lo conforman; sin embargo, el niño Jesús, San José, la Virgen María, el ángel y los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, nunca deben faltar.
Existen tres versiones de nacimientos: los bíblicos, que son los que en su diseño tratan de apegarse al máximo a la apariencia que debió tener aquella región de Palestina en los tiempos de Jesús. Los locales, que a través de fauna y flora se tropicalizan, como el colocar guajolotes en México o koalas en Australia; y por último, los contemporáneos, que tienen un enfoque totalmente artístico, llegando hasta las representaciones abstractas, además de ser elaborados empleando técnicas y materiales poco convencionales, como diversos metales o aleaciones de ellos, técnicas de punto, papel o cualquier variación de artesanía; incluso Playmobil, la línea de juguetes, creó su propia versión.
En la Ciudad de México han existido varios famosos como el de una casa particular en Coyoacán, al que los conductores se detenían diariamente; el del Museo Estudio Diego Rivera y el llamado “nacimiento más grande del mundo”, que se montó en el Estadio Azteca y ganó dos premios Guinnes.
Muchas son las tradiciones que pueden retomarse por las nuevas generaciones, lo que no cambia es la unión familiar, los buenos deseos y la esperanza de un mejor año. Así que… ¡a celebrar estos días!

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